05 marzo 2009

Bioética y neuroprótesis


El pasado 26 de febrero se publicó en El País un artículo titulado "La fusión de mente y máquina está aquí" firmado por Javier Sampedro, primer espada de los redactores científicos del periódico (a años luz de algún otro del que ya hemos hablado por aquí). El artículo es básicamente una traducción comentada de un ensayo publicado ese mismo día en la revista Nature ("Man, machine and in between"). Básicamente se habla de las nuevas tecnologías (neuroprótesis, interfaces cerebro-ordenador) que permiten "ampliar" las capacidades del ser humano, fundamentalmente con fines terapéuticos (tema del que ya hablamos hace algún tiempo aquí) aunque también se discute la posibilidad de implantar estos dispositivos electrónicos en personas sanas. Tanto en el primer como en el segundo caso se pueden plantear diversos interrogantes éticos y la razón de este apunte es que creo que el artículo de El País no recoge completamente la tesis principal del ensayo de Nature: que los problemas éticos que estas tecnologías plantean no son esencialmente diferentes a los ya planteados por otro tipo de intervenciones y terapias (p.ej. farmacología). Un ejemplo es el de los tratamientos que tienen una doble consecuencia, la primera es la buscada con fines terapéuticos y la segunda es un efecto secundario: los implantes de estimulación profunda para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson (que pueden producir trastornos psiquiatricos e incluso elevadas tasas de suicidio) versus los fármacos antidepresivos (que en algunos casos también se asocian con altas tasas de suicidio). La aproximación bioética clásica para este tipo de casos (sopesar riesgos frente a beneficios del tratamiento) es lógicamente también aplicable al ámbito de las neuroprótesis. En definitiva, la conclusión del ensayo es que la (bio)ética está bien preparada para tratar las cuestiones que surgen como consecuencia de la investigación neurocientífica.


Lupe

1 Comments:

Anonymous El Gran Kosslyn said...

Por sí mismos, la depresión y el Parkinson ya tienen elevadas tasas de suicidio. Si el uso de antidepresivos e implantes produce una mejora en las variables analizadas con respecto a la línea base, ya es ético utilizarlos, a pesar de no ser perfectos. Por otra parte, los fármacos antiparkinsonianos también pueden provocar síntomas psicóticos. Sería necesario comparar ambos tratamientos para comprobar cuál es más eficaz.

De todos modos, por mucho que la ciencia-ficción nos ponga ejemplos, habría que ver hasta qué punto es útil o rentable la aplicación de este tipo de dispositivos más allá del tratamiento de ciertas enfermedades o problemas.

06 marzo, 2009 11:25  

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