03 mayo 2008

El futuro de los Chakras


Un día más, tranquilo, en el “Centro de Salud y Equilibrio Energético” de Boston…

- ¡Ha sido fantástico! Me encuentro como nunca, totalmente renovado. Es una lástima que haya que desplazarse hasta este centro para poder tratarse con las “Terapias de la Energía”. Nunca entenderé por qué occidente ha sido tan reacio en importar de oriente las "Teorías Emanacionistas”. Materialismo ciego… Conocimiento milenario… Sólo tienes que entrar en la “Cámara Kundalini”, relajarte y dejarte inundar de energía. Durante la sesión, yo mismo he podido sentir cómo el “Kundalini”se expandía a través de mi cuerpo espiritual y físico. Va ascendiendo poco a poco, de abajo a arriba por tu columna vertebral, a través de los siete vórtices energéticos, hasta el Brahman.

En el interior de la Cámara hay una voz robótica que va anunciando el paso por cada una de las estaciones energéticas, cada 4 ó 5 minutos…

7- Muladhara (La tierra)
6- Svadhisthana (El agua)
5- Manipura (El fuego)
4- Anahata (El aire)
3- Vishuddha (El éter)
2- Ajna (El tiempo)
1- Sahasrara (El espacio)

- Y los cambios se van sucediendo en tu cuerpo espiritual, un revolcón de sensaciones... Seguridad e inseguridad en ti mismo, instinto de supervivencia (7); emoción y libido (6); control del entorno, sensación de libertad (5); amor y compasión (4); comunicación…, por un momento perdí la capacidad de expresarme y me asusté (3); intuición, es como si perdieses la noción del tiempo (2); y al final, lo mejor, la impresión de pertenecer al Universo, de entenderlo todo, de hablar con el gran Hacedor…, en ese momento, te encuentras fuera de tu cuerpo… (1)

En la sala de espera, un señor se percata de la salida de una enfermera y se levanta atento…

- Disculpe, señor, usted es el siguiente para la sesión de Equilibrio de Chakras, ¿verdad?
- Sí, me citaron a las 9:15.
- Lo siento, pero tendrá que venir mañana. Se han detectado fallos en el sistema de estimulación magnética cerebral de la Cámara Kundalini.

Tito

21 abril 2008

Epilepsia y espiritualidad... ¡sólo si Dios lo concede!


Se ha escrito mucho sobre epilepsia y experiencias religiosas. Recientemente he leído un artículo “Spirituality and Religión in Epilepsy” en el que he descubierto algo interesante. Y es que las experiencias religiosas provocadas por las crisis epilépticas pueden ser de diferentes tipos según el momento en el que ocurren. Así por ejemplo, durante las crisis propiamente dichas, las experiencias religiosas pueden mostrarse como experiencias extáticas y pueden ir acompañadas de fenómenos autoscópicos, como el de verse a uno mismo fuera del cuerpo. Por el contrario, durante los periodos que comienzan después de una crisis, pueden darse alucinaciones y conversiones religiosas. Estos periodos pueden prolongarse horas. Se describe el caso de un hombre que aseguraba que “Dios le había enviado una visión como medio para conseguir su conversión (...)”. Sin embargo, los periodos comprendidos entre crisis y crisis, parecen más relacionados con el ensalzamiento de las convicciones religiosas (hiper-religiosidad). Esto podría significar un fuerte sentido del destino o una potenciación de las creencias morales. Según los autores del artículo, que mencionan otros estudios realizados con grupos numerosos de pacientes, el porcentaje de individuos que tiene estas experiencias es bajo, pero su número está subestimado.

¿Por qué es tan interesante la relación entre las experiencias religiosas y las crisis epilépticas? ¿Porque algunos manipuladores tratan de conspirar contra la “evidente” existencia de Dios? ¿ O por una inercia reduccionista que tiende a deshumanizar la sociedad? No, nada más lejos de eso. Una crisis epiléptica se produce cuando grupos de neuronas de nuestro cerebro descargan de manera excesiva y simultánea. Lo interesante es que dependiendo de dónde se localicen en el cerebro las neuronas con actividad anómala (foco epiléptico) así serán los signos que sufrirá el individuo. Así por ejemplo, tomando el caso de las crisis denominadas focales, un foco epiléptico en la corteza motora producirá signos motores durante una crisis (cambios posturales, contracciones musculares o movimientos en extremidades). Si el foco se localiza en la corteza sensorial, el paciente tendrá sensaciones “extrañas” (alucinaciones gustativas, auditivas, táctiles...). Si el foco afecta a áreas corticales de asociación (cortezas prefrontal, parietotemporal) los fenómenos pueden ser más complejos (deja-vu, cambios de humor, distorsión del tiempo). En ocasiones, tan complejos como experiencias religiosas o cambios en la conducta espiritual o moral.

Dicho de otra manera, los cambios en la actividad de las neuronas de nuestro cerebro son los responsables desde de que movamos un pie, sintamos un olor determinado o tengamos una emoción, hasta que hagamos un juicio moral. Y, lógicamente, también de que experimentemos un éxtasis místico. Lo que ocurre es que esto último se puede hacer más patente a través de la epilepsia.

Aparentemente, estos estudios aportan datos, y los datos son como son, no deshumanizan, solo hacen pensar y ayudan a entender el mundo que nos rodea. Pero no todo el mundo piensa así. En otro artículo que leí en paralelo, “¿Dios en el cerebro?”, el autor comenta lo siguiente acerca de los éxtasis místicos (la cursiva es mía):

"(...) Estos éxtasis, lógicamente, no los experimentan todos aquellos que hacen meditación sino muy pocos, los que Dios se lo concede cuando quiere. Los místicos, desde luego, no se prestarían a que registraran su actividad cerebral con alguno de los métodos de neuroimagen. No lo harían, por un lado, por humildad y, en segundo, porque nadie sabe cuando pueden tener lugar. Además, por ocurrir fuera del cuerpo, no se registraría ningún cambio en la actividad bioeléctrica del cerebro (...)"

Y termina el artículo con la siguiente conclusión:

"Los neurocientíficos ateos, al no admitir la existencia de Dios, ni que el hombre sea un ser dotado de alma espiritual, se ven obligados a una interpretación sesgada de los hechos que trascienden la materia: tienen que explicar las experiencias religiosas y el estado místico como simple actividad del cerebro. Son, pues, según ellos, los que meditan y los místicos quienes, a partir de unos simples fenómenos neurobiológicos, crean a Dios. Es habitual que los reduccionistas no se planteen si su postura es acientífica, al admitir como única realidad la materia, más bien sucede lo contrario, toman a los que, además de la "fisis", piensan que existe lo metafísico, como acientíficos, incluso de forma velada los llegan a considerar retrasados mentales. No quieren darse cuenta de que, para que fueran admitidas como científicas sus conclusiones, tienen que demostrarlas experimentalmente, y son numerosos los hechos, no sólo en lo que respecta a la actividad mental sino también en la evolución, que no son capaces de demostrarlos ni lo podrán demostrar desde su visión reduccionista".

¿No es más sesgado y acientífico asumir la existencia de algo sobrenatural (Dios) que “concederá los éxtasis” a quien considere oportuno? ¿O asumir que “por ocurrir fuera del cuerpo no se registrará actividad cerebral”, en caso de que un místico accediera a realizarse pruebas en su cerebro? La relación causal “actividad neuronal – conducta” implica a toda la gama de nuestros comportamientos, sin exclusión, incluidas las experiencias religiosas. ¿O es que la actividad de nuestro cerebro sólo sirve para conductas más “mundanas”, como movernos o percibir estímulos? ¿No será que algunos están predispuestos a que todo lo que tenga que ver con Dios o lo espiritual no es objeto de estudio humano? ¿En base a qué? ¿Admitiría el autor de dicho artículo conclusiones exactamente idénticas a la suya (literalmente basada en los mismo argumentos) acerca de experiencias no religiosas?

1.- Los neurocientíficos no creyentes, al no admitir la existencia de espíritus, ni que el hombre sea un ser dotado de alma espiritual, se ven obligados a una interpretación sesgada de los hechos que trascienden la materia: tienen que explicar las experiencias paranormales y el estado de trance como simple actividad del cerebro. Son, pues, según ellos, los contactados y los médium quienes, a partir de unos simples fenómenos neurobiológicos, crean a los espíritus (...)

2.- Los neurocientíficos no creyentes, al no admitir la existencia de extraterrestres, ni que el hombre sea un ser dotado de capacidades paranormales, se ven obligados a una interpretación sesgada de los hechos que trascienden la materia: tienen que explicar las experiencias con extraterrestres y abducciones como simple actividad del cerebro. Son, pues, según ellos, los contactados y los abducidos quienes, a partir de unos simples fenómenos neurobiológicos, crean a los extraterrestres. (...)

Tito

06 abril 2008

¿Nos puede matar la magia negra?


La sesión de espiritismo ya ha comenzado. Un grupo de cuatro amigos se ha reunido en un cementerio una noche desapacible y tormentosa. Una pequeña linterna les ha conducido hasta una cripta donde se han resguardado de la intensa lluvia. Poca luz, pero suficiente para maniobrar en el tablero ouija. Un “espíritu maligno” se manifiesta y ellos, con los dedos colocados encima de un vaso de cristal que se desliza sobre el tablero, le hacen preguntas. “¿Alguno de nosotros va a morir pronto?” Hecha la pregunta, tres de ellos se miran y sonríen. Pero uno de ellos..., su cara está descompuesta por el miedo. El espíritu “contesta” y moviendo el vaso deletrea una palabra: “L – O – L – A”. Ése es precisamente su nombre. Acto seguido el vaso sale disparado contra la pared y se hace añicos. Todos dan un respingo y Lola, además, se levanta aterrorizada y en estado de shock. De camino a casa, sus amigos intentan tranquilizarla, lo que aparentemente consiguen. Dos días después suena el teléfono para anunciar la trágica noticia. Lola ha muerto. Cayó enferma aquella noche y aún no se conocen las causas. Desde entonces una incómoda pregunta merodea en el imaginario de sus amigos ¿Y si aquel maléfico espíritu le ha robado la vida desde el más allá?

En 1942 un fisiólogo llamado Walter B. Cannon (1871-1945) publicó un artículo titulado “Voodoo death” en la revista American Antropologist. En este artículo propuso una explicación científica para las muertes producidas como consecuencia de ritos de vudú, que según él eran muertes repentinas e inexplicables. Este profesor de la Facultad de Medicina de Harvard (1906), responsable de que hablemos de “homeostasis”, se interesó por la fisiología de la emoción. Recapituló pruebas que mostraban que cuando un animal estaba en alto estado de alerta (arousal) se activaba su sistema nervioso autónomo en combinación con hormonas como la adrenalina en aras a facilitar una respuesta enérgica del animal en un entorno supuestamente hostil (el término "estrés" lo popularizó Hans Selye, uno de los principales admiradores de Cannon). Sus estudios iniciales se publicaron en el libro “Bodily changes in pain, hunger, fear and rage” (1915). Cannon observó casos de enfermedad y muerte repentinas, sin daño aparente, ni exposición a venenos o signos de infección, y propuso como mecanismo una respuesta fisiológica exacerbada iniciada por el miedo. La explicación de Cannon consistía en los efectos de la activación del sistema nervioso simpático liberando hormonas como la adrenalina y otras, produciendo una contracción brutal de arteriolas periféricas y, por tanto, el colapso vascular, arritmias cardiacas y finalmente la parada cardiaca.

Algunos artículos han revisado recientemente los mecanismos propuestos por Cannon para explicar los casos de muerte repentina y la implicación del shock emocional (1, 2, 3). La activación del sistema nervioso simpático-adrenal nos prepara para una situación en la que dispongamos, si llega el caso, de fuerza muscular. Aumenta la azúcar en sangre, se acelera el corazón, se contraen ciertos vasos sanguíneos, se produce una descarga de adrenalina y se dilatan los bronquios. Pero, ¿qué pasa si un proceso de este tipo se prolonga demasiado?. Puede caer la presión sanguínea a niveles muy bajos, tanto que puede llegar a ser insuficiente para mantener la circulación y esto puede causar un deterioro del la función cardiaca. La falta de apetito puede colaborar en el final fatal. En la guerra civil española se describieron casos de pacientes que sufrían “ansiedad maligna”, un estado que implicaba la activación del sistema simpático-adrenal y un estado de shock mental en condiciones físicas paupérrimas (exhaustion) por fatiga, falta de comida y sueño. En algunos casos estos sujetos morían a los 3-4 días. ¿Pueden estos mecanismos desencadenados por un estrés emocional estar implicados en la “muerte por vudú”?

Según Martín A Samuels, neurólogo de Harvard (3), años después de la hipótesis de Cannon hay datos que avalan el concepto de “muerte por vudú” y de hecho puede tener mecanismos comunes al fenómeno conocido como muerte súbita que se da en nuestras sociedades. Incluso se puede hablar de enfermedad neurovisceral. Hay lesiones cardiacas que pueden desencadenarse por enfermedades neurológicas. Un ejemplo de ello serían los experimentos en animales de laboratorio en los que se ha producido necrosis cardiaca a través de estimular el hipotálamo, una región del cerebro que dirige la actividad hormonal del organismo. El exceso de catecolaminas (como la adrenalina), y sobre todo su acción directa sobre el corazón, puede producir toxicidad en el músculo cardiaco. Lo que en último término puede causar arritmias, y por tanto, un malfuncionamiento del sistema cardiovascular. Las lesiones del miocardio producidas por estrés pueden ser prevenidas por agentes que bloquean la acción de la adrenalina. Además del hipotálamo, las lesiones cardiacas también pueden producirse por estimulación en áreas de la corteza cerebral, como la ínsula (4).

El hecho de que existan estos mecanismos fisiológicos, y su implicación en la muerte por estrés emocional, no significa que todos seamos susceptibles de morir tras un ritual de magia negra, un maleficio o un mal de ojo. Dependerá, en buena medida, de nuestro cerebro y por supuesto de la susceptibilidad de nuestro sistema cardio-respiratorio (posibles lesiones asintomáticas). El miedo se puede aprender. Y la superstición nos puede llegar a matar. Pero la superstición, al igual que el miedo, está en nuestro cerebro. Por mucho que nos empeñemos en crear dioses, buenos o malos, que nos manejan como marionetas. Sirva este apunte de pequeño homenaje a un fisiólogo (W. Cannon) que investigó críticamente las posibles causas de un supuesto hecho paranormal.

Tito

1. Walter B. Cannon and “Voodoo Death”: A perspective from 60 years on. American Journal of Public Health, 92, 1564-1566 (2002)
2. “Voodoo” Death. American Journal of Public Health, 92, 1593-1596 (2002)
3. Samuels M.A. “Voodoo” death revisited: The modern lessons of neurocardiology. Cleveland Clinic Journal of Medicine, 74, supplement 1, S8-S16 (2007)
4. Cheshire W.P. and Saper C.B. The insular cortex and cardiac response to stroke. Neurology, 66: 1296-1297 (2006)

29 marzo 2008

Escepticismo en TV


Lupe nos informa de un programa de televisión sobre escepticismo (http://www.skeptologists.com/) y a mí me da por pensar...
¿Para cuándo un programa sobre "escepticismo" en alguna televisión española... en plan "Cuarto Milenio" pero justo a la inversa? Imaginemos: un programa semanal de media hora en el que se trata uno de tantos mitos populares en el que se aporten datos y explicaciones razonables, en lugar de sembrar "interrogantes misteriosos" dejándolos después sin contestar pero de forma suficientemente ambigüa como para que se quede la sensación de enigma...
¿No hay suficientes personas capaces entre los escépticos para hacer un programa así? Creo que entre los integrantes de ARP o de Círculo Escéptico hay un buen puñado de candidatos ...

¿No hay "masa crítica" suficiente de escépticos? No sé, pero veo en Internet muchas bitácoras en español sobre escepticismo (de hecho, no me da tiempo a estar acutalizado...).
¿No es interesante desde el punto de vista televisivo un programa así? Creo que hacer entretenido un programa no es problema del contenido del programa sino de cómo se haga, pero yo no sé suficiente de televisión...
¿Algún productor de TV a la escucha?
Cupri

07 marzo 2008

Neurociencia y ética

Lo prometido es deuda. En el marco de la Semana Internacional del Cerebro 2008 (10-16 de marzo), hemos organizado un Seminario titulado "NEUROCIENCIA Y ÉTICA" en el que los profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, Dr. Francisco Mora y Dr. Diego Gracia, debatirán sobre las consecuencias que los nuevos conocimientos de la neurociencia pueden tener sobre las normas éticas que rigen nuestras sociedades. El Seminario tendrá lugar el miércoles 12 de marzo a las 18,00 horas en el Aula Profesor Botella de la Facultad de Medicina de la UCM (1ª planta, pabellón central).

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La Semana Internacional del Cerebro es un evento que desde 1996 promueve The DANA Foundation a través de la Dana Alliance for Brain Initiatives (en Europa la European Dana Alliance for the Brain) y que está apoyado por numerosas organizaciones neurocientíficas como la Society for Neuroscience estadounidense o la Sociedad Española de Neurociencias. El objetivo de la Semana del Cerebro es despertar la atención del público ante los progresos continuos en el conocimiento del cerebro así como la concienciación de la sociedad acerca de las consecuencias de dicho progreso (neuroconcienciación). Tras la Década del Cerebro (años 90 del siglo XX) podemos decir que el avance en la comprensión de los mecanismos moleculares y celulares básicos del funcionamiento del cerebro y de sus alteraciones en diversas patologías ha sido enorme. Un efecto secundario de estos avances científicos ha sido el incremento dramático de la presencia de la neurociencia en los medios de comunicación y en la sociedad en general. Pero aún es mucho lo que queda por saber y, por tanto, las consecuencias de estos nuevos descubrimientos están por explorar. Ya existe una iniciativa para declarar una Década de la Mente en la que se promueva el estudio interdisciplinar de los mecanismos cerebrales de los procesos mentales (incluyendo la conciencia), así como las posibles aplicaciones de este conocimiento en el tratamiento del los trastornos psiquiátricos o en la potenciación de las capacidades cognitivas, todo ello de la mano de la información y discusión pública de los aspectos legales y éticos implicados en el estudio del cerebro y la mente. Citando al neurocientífico español Alberto Ferrús en un reciente artículo en Revista de Libros (“Mi cerebro soy yo”, número 135, marzo 2008): “...puede afirmarse que el siglo XXI será el tiempo de ver cómo la vida diaria empieza a reflejar las aplicaciones de ese conocimiento (sobre cómo es y funciona el cerebro) [...] Mientras ese momento llega, la sociedad tiene el derecho y el deber de informarse sobre lo que los científicos descubren y lo que esos hallazgos implican a medio y largo plazo.” La Semana del Cerebro pretende precisamente cumplir con la obligación de los científicos de mostrar y debatir con la sociedad acerca de los resultados de sus investigaciones sobre el cerebro.

Lupe