02 febrero 2006

El cerebro: ¿el último refugio de Dios? (I)


Hace ya muchos años solía pensar que el cerebro era “el último refugio de Dios”. Pensaba entonces, ingenuamente, que de la misma manera que la acumulación de conocimiento científico había ido enterrando muchas supersticiones, las neurociencias conseguirían desterrar la credulidad religiosa al desenmascarar la falacia del “alma en la máquina”. El problema de este argumento es la premisa: vivimos una época en la que lo esotérico y la creencia en fenómenos paranormales se encuentran en franco apogeo y coexisten con las más altas cotas de desarrollo científico y tecnológico de la historia de la humanidad. De la misma manera, el progreso en las ciencias del cerebro en las últimas décadas ha sido enorme, siendo el paradigma incuestionable (por la abrumadora evidencia que lo apoya) el hecho de que la mente no es un ente inmaterial separado del cerebro, sino que es el mismo cerebro ”en acción” (mente sería sinónimo de función cerebral). Pues bien, la religiosidad en sus diferentes versiones mantiene un espléndido estado de salud, si bien las religiones oficiales mayoritarias pierden terreno ante nuevos cultos “alternativos”. Algunos piensan que esto es debido a que ciencia y religión abordan aspectos diferentes de la realidad, o lo que es lo mismo, que la ciencia no puede dar respuestas a las preguntas esenciales de la vida (como Stephen Jay Gould en Ciencia versus religion, un falso conflicto). Discrepo radicalmente de esta visión del problema. De hecho la ciencia, y más propiamente las neurociencias, puede plantear respuestas verosímiles a la pregunta clave en este asunto: ¿por qué creemos en Dios? (o lo que es lo mismo: ¿cuál es el sustrato neurobiológico de la creencia en lo sobrenatural?). Y la respuesta que podemos esbozar es que junto a varios determinantes neuropsicológicos, la creencia en Dios y en “la vida despues de la muerte” tienen un importante componente emocional que hace inmune al creyente ante la evidencia presentada delante de sus ojos. Este componente emocional, que “colorea” el proceso normal de razonamiento (no solo en el creyente), tiene diversos orígenes, desde la educación en un ambiente religioso hasta acontecimientos extraordinarios tales como profundas experiencias místicas o vulgares visiones de vírgenes y santos (acontecimientos de cuya explicación neurobiológica se ha discutido en diversas ocasiones en esta bitácora).

Todo esto viene a cuento de las respuestas que varios investigadores del campo de las ciencias cognitivas han dado a la pregunta planteada por la fundación The Edge (especie de club virtual de pensamiento): ¿Cuál es tu idea más peligrosa, no porque no sea cierta, sino porque podría ser verdadera? (What is your dangerous idea?). Varías de estas respuestas, comentadas en algunas de nuestras neurobitácoras favoritas (neurodudes, mind hacks, y sobre todo en un reciente descubrimiento, Mixing Memories), coinciden en que la idea más peligrosa es que mente y cerebro son la misma cosa (The astonishing hypothesis que dijo Crick). Y esto por dos razones: porque cuestiona la libertad individual y los fundamentos de la moral y porque permite elaborar una teoría científica de Dios. Estas conclusiones se supone que provocarán una convulsión en la sociedad y que constituyen una autentica revolución del pensamiento humano. Aunque no dudo que la idea de la unidad mente-cerebro obliga a replantearse muchos de nuestros principios morales (como ya comentamos en esta bitácora: La conducta moral humana ¿Neuronas del bien y del mal?), no creo, como he discutido más arriba, que tenga consecuencias drásticas (al menos a corto/medio plazo) en las convicciones religiosas de la mayoría de los creyentes.

Pero el tema de la religión desde el punto de vista científico genera una abundante literatura. La última entrega la protagoniza el filósofo Daniel C. Dennett y su libro Breaking the spell. Religion as natural Phenomenon. Dennett, cuyo trabajo se ha centrado principalmente en el estudio de la conciencia, parte en este libro de dos premisas: la primera es que la ciencia está capacitada para investigar la religión (en oposición a las ideas de Gould), y la segunda es que la creencia en lo sobrenatural surge de los errores cometidos por sistemas neuropsicológicos cuya principal función es la de generar lo que se conoce como “teoría de la mente” (la capacidad de ser conscientes de lo que los otros están pensando y sintiendo). Desde este punto de partida, para Dennett lo más interesante es que, junto a la evolución desde las formas primitivas de religiosidad (animismo) hasta los monoteísmos, surge lo que denomina “la creencia en la creencia” (belief in belief), lo que yo identificaría con el popular “en algo hay que creer”. Es decir, independientemente de (y por encima de) la solidez de la creencia en un determinado Dios está la solidez de profesar unas creencias (lo cual supone una especie de blindaje para el creyente). Pero Michael Shermer, que publica la revista Skeptic, afirma en su comentario sobre el libro de Dennett en la revista Science (Beleving in Belief) que esta idea permite al ateo afirmar que cree en Dios, entendido como una idea (meme) que reside en la mente del creyente en un Dios omnipotente. El corolario de esto último es que el “Dios en tu cabeza realmente no existe” (como entidad fuera de tu cerebro). El libro de Dennett ha sido también comentado, como no, en la bitácora sobre neuroteología Numenware: Breaking the Spell--Dennett on religion.

No quiero finalizar este apunte sin citar la aportación más específica a este tema desde la neurociencia española. Se trata del libro La conexión divina: la experiencia mistica y la neurobiología de Francisco J. Rubia, neurofisiólogo de la Universidad Complutense. Puesto que el libro ha sido recientemente comentado en la bitácora Las Ruinas Circulares (A propósito de... La conexión divina, de Francisco J. Rubia) por un buen amigo, nos remitimos a sus palabras: “El autor no ve problema en que se diluciden las áreas cerebrales implicadas en la experiencia mística: La existencia de estas estructuras responsables de la experiencia mística no dice nada a favor o en contra de la creencia en seres sobrenaturales. Para el creyente, por ejemplo, es importante saber que existen en su cerebro estructuras que hacen posible estas experiencias [...] Para el no creyente, estas estructuras serían las responsables de la creencia en seres sobrenaturales, que no serían otra cosa que proyecciones al mundo exterior de nuestro cerebro. [...] Su visión propugna la coexistencia de ambas realidades en el hombre y apoya la estimulación de ambas realidades, que son necesarias para el perfecto desarrollo del individuo.” Como se puede comprobar, lamentablemente no todos los científicos están dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias lo que la neurociencia nos revela de forma fría y objetiva.

Lupe

PD: A pesar de lo extenso del apunte, me gustaría referirme a un artículo aparecido en The Guardian en Diciembre titulado Are we hardwired for religion, or is it just a psychological and social need?, que fue comentado en Mind Hacks (Explaining Religión), y que sostiene que la ciencia, cuando estudia la religión debe tener en cuenta tanto sus funciones psicológicas (aunque se consideren subproductos de otras funciones) como sus funciones sociológicas (mantener la cohesión de los grupos de individuos).

6 Comments:

Blogger Marcelo said...

A pesar de todos los determinantes estructurales y ontogénicos que pueden dar cuenta de la "tendencia" a creer en lo sobrenatural, es MUY poco científico abordar el problema de la existencia o no-existencia de Dios desde las posibilidades del sistema nervioso. Esto es porque en términos estrictos, para el cerebro es indistinguible una experiencia sensorial que viene desde fuera de una experiencia vivida desde el interior, y por lo tanto la misma duda que se aplica a la credulidad religiosa (o más seriamente "fe") puede formularse para cualquier otra percepción de la realidad, aún la más concreta.

Por cierto, dada esa incertidumbre de base, la pregunta por la existencia de una realidad (con Dios, sin Él, pero de alguna manera) es más una distinción de dominios ónticos que un asunto de neurociencias.

Sobre el asunto de la mente es más largo discutir, y espero nos queda mucha vida para averiguar más de éso. No lo comentaré aquí, pero estoy abierto a discutir teorías que se escapan a sus apuntes (libro interesantísimo: "The embodied mind", FJ Varela)

Un abrazo cariñoso

Oscar
Neurobiólogo

03 febrero, 2006 05:26  
Blogger AGRA said...

Ciertamente es un debate interesante y complicado el problema percepción-realidad. Pero asumir, sin matices, que nada es real o que todas las percepciones son iguales en su información acerca de la realidad, es cuanto menos injusto. No estoy de acuerdo en absoluto en que es “poco científico” abordar el problema de la existencia de Dios estudiando la función cerebral. Me refiero al Dios que ha sido ya “derrotado” en otros campos de batalla. ¿Es poco científico, por ejemplo, argumentar que las voces que escucha con total certeza un esquizofrénico son producto de su actividad cerebral? Creo que esto es perfectamente lícito científicamente, teniendo en cuenta que se dispone de otras pruebas aportadas por otras disciplinas científicas que apuntan en la misma dirección (método científico).

Es cierto, como ya hemos comentado en esta bitácora varias veces (ejemplo), que el mundo que percibimos como real no es exactamente como lo percibimos y eso puede dar lugar a una idea errónea de la “realidad”, si sólo nos basamos en nuestras percepciones. Y de esto son conscientes los neurocientíficos cuando afirman, por ejemplo, que el color rojo no existe como tal en el mundo real o que la sensación de felicidad es subjetiva. Pero, ¡cuidado!, esto no significa que la realidad externa no tiene nada que ver con lo que percibimos. De hecho, lo que percibimos (en condiciones normales) se parece bastante a la realidad, como no podía ser de otra manera. Prueba de ello es que en base a los conocimientos que tenemos acerca de lo que ocurre a nuestro alrededor podemos hacer simulaciones y predicciones de procesos físicos, químicos o biológicos. Así por ejemplo, podemos predecir y de hecho así ocurre que el agua líquida en un rango de temperatura determinado cambiará de estado (solidifica o evapora), o que un determinado químico puede generar, como combustible, energía y mover un objeto, o que la muerte de un animal puede ser evitada parando una hemorragia. Si podemos predecir, manipular y simular un proceso se supone que, más o menos, sabemos como funciona en el mundo real. Pero además, esto tiene un sentido biológico evidente: si las percepciones (en condiciones fisiológicas, normales) de los organismos no tuviesen nada que ver con el mundo real en el que existen, estos no habrían sobrevivido al paso de los tiempos.

Cuando un individuo toma LSD o es un maestro entrenado en el arte de la meditación, puede percibir la existencia de escaleras que suben y bajan al mismo tiempo o tener la sensación de ingravidez. Ahora bien, si este individuo intenta construir una casa con esas escaleras o lanzarse al vacío desde un tejado..., bueno, digamos que esas percepciones no van a prosperar como pertenecientes al mundo real que nos rodea, son incompatibles con él. De la misma manera se pueden poner a prueba las voces que escucha un esquizofrénico y comprobar que no tienen existencia fuera de su “realidad” (en la realidad intersubjetiva). Podemos seguir con casos como las experiencias cercanas a la muerte o las experiencias fuera del cuerpo. O la experiencia de Dios. En este sentido, no sólo las evidencias apuntan a que estas no son realidades externas (equivalentes a las otras que ya hemos mencionado), sino que, ¡estas experiencias se pueden simular, y por tanto predecir, cuando estimulamos áreas concretas del cerebro! Científicamente hablando, ¿no da esto muchas “pistas” (aunque no sea 100% seguro) que sugieren que estas experiencias, de las que no hay ninguna evidencia de ningún otro tipo, son producto de la actividad (fisiológica o patológica) de nuestro cerebro? ¿Por qué ponemos en duda, como algo generado por el cerebro, la experiencia de Dios o de estar fuera del cuerpo, y nos parecen alucinaciones “irreales” las experiencias de alguien bajo los efectos del LSD (que puede ver, por ejemplo, un hombre verde de 4 metros de alto que le informa acerca del futuro)? ¡Creo que es poco científico aplicar el método científico sólo cuando nos interesa! Aunque quizás en el caso de la religión tendemos a ello irremediablemente (neuroteología).

Todo lo dicho anteriormente es especialmente relevante cuando hablamos de la existencia de un tipo de Dios como el clásico Dios monoteísta, que puede intervenir en el mundo, que creó al hombre y dirige su destino, al que la gente reza para pedirle favores o con el que pensamos que iremos a parar una vez muertos... (teísmo). En otras palabras, un Dios abordable desde el punto de vista científico. El debate, en mi opinión, cambia si de lo que hablamos es de la idea de Dios desde un punto de vista más metafísico (deísmo). El típico “Dios a la carta” que cada uno define de una manera y que es inabordable e incomprensible (un dragón en el garaje). En ese caso (o puede ser que en realidad nuestras vidas son el sueño de un gigante)..., no hay nada que discutir. Quizás es a este concepto de Dios al que se refieren F. Rubia o S.J. Gould.

Tito

P.D. Por cierto, recomiendo el artículo de The Guardian referido en la anotación.

06 febrero, 2006 18:56  
Blogger AGRA said...

Siento mi incapacidad para poner vínculos en mis comentarios.

"Ejemplo", se refiere a la anotación anterior en esta misma bitácora, titulada De la percepción y los límites de la realidad.

"Un dragón en el garaje", conocido por todos seguramente, se puede ver en el archivo de Abril 2005 de nuestra bitácora.

¿¡Aprenderé algún día!?

Tito

06 febrero, 2006 19:05  
Blogger JUAN JOSE said...

MAGNÍFICO . LO HE IMPRESO PARA LEERLO DETENIDAMENTE EN EL METRO Y EN EL PARQUE....
JUAN JOSE DE MADRID

26 marzo, 2006 23:16  
Anonymous irichc said...

Gödel. Ensayos inéditos.

“(…)

En correspondencia con la forma disyuntiva del teorema principal sobre la incompletibilidad de la matemática, las implicaciones filosóficas serán prima facie también disyuntivas, aunque en todo caso se oponen decididamente a la filosofía materialista. Así, si vale la primera alternativa, esto parece implicar que el funcionamiento de la mente humana no puede reducirse al del cerebro, que es, bajo toda apariencia, una máquina finita con un número finito de partes, esto es, las neuronas y sus conexiones. De esta forma, uno llega aparentemente a adoptar algún punto de vista vitalista.

Por otro lado, la segunda alternativa, en la que existen proposiciones matemáticas absolutamente indecidibles, parece refutar la concepción de que la matemática (en cualquier sentido) es sólo nuestra propia creación. Pues el creador conoce necesariamente todas las propiedades de sus criaturas, ya que ellas no pueden tener más propiedades que aquellas que él les ha dado. Así, esta alternativa parece implicar que los objetos y hechos matemáticos, o al menos algo en ellos, existen objetiva e independientemente de nuestros actos mentales y decisiones, es decir, supone alguna forma de platonismo o “realismo” respecto a los objetos matemáticos. Pues la interpretación empírica de la matemática, esto es, la concepción de que los hechos matemáticos constituyen un tipo especial de hechos físicos o psicológicos, es demasiado absurda para ser mantenida (…).

Por supuesto he simplificado las cosas en estas breves formulaciones. Existen en ambos casos ciertas objeciones, aunque, en mi opinión, no resisten un examen minucioso. En el caso de la primera alternativa podría objetarse que el hecho de que la mente humana sea más efectiva que cualquier máquina no implica necesariamente que exista alguna entidad no material, como una entelequia, fuera de los cerebros, sino sólo que las leyes que gobiernan el comportamiento de la materia viva son mucho más complicadas de lo que se había esperado, y en concreto no nos permiten deducir el comportamiento del todo de las partes aisladas. (Esta concepción parece, incidentalmente, recibir también apoyo de la mecánica cuántica, donde el estado de un sistema complejo no puede en general describirse como compuesto de los estados de los sistemas parciales.) Existe de hecho una escuela de psicólogos que defiende esta concepción: los llamados holistas. Sin embargo, me parece claro que también esta teoría deja de hecho de lado el materialismo, pues adscribe a la materia desde el principio todas las misteriosas propiedades de la mente y la vida, mientras que originalmente la esencia misma del materialismo consistía en explicar esas propiedades a partir de la estructura del organismo y las leyes relativamente simples de la interacción entre las partes.

No se sabe si la primera alternativa, es válida, pero de cualquier modo está bastante de acuerdo con las opiniones de algunos de los investigadores más destacados en fisiología nerviosa y cerebral, que niegan decididamente la posibilidad de una explicación puramente mecanicista de los procesos psíquicos y neuronales. En cuanto a la segunda alternativa, podría objetarse que el constructor no necesariamente conoce todas las propiedades de lo que construye. Por ejemplo, construimos máquinas y sin embargo no podemos predecir sus comportamientos con todo detalle. Pero se trata de una objeción muy pobre. Pues no creamos máquinas de la nada, sino que las construimos de algún material dado. Si la situación fuera similar en la matemática, entonces ese material o base de nuestras construcciones sería algo objetivo, lo que por tanto exigiría la adopción de alguna concepción realista, incluso si algunos otros ingredientes de la matemática fueran de nuestra propia creación. Lo mismo ocurriría si en nuestras creaciones utilizáramos algún instrumento que radicara en nosotros pero que fuera distinto de nuestro yo (tal como la “razón", interpretada como algo semejante a una máquina pensante). Pues los hechos matemáticos expresarían entonces (por lo menos en parte) propiedades de ese instrumento, el cual gozaría entonces de existencia objetiva".

06 mayo, 2006 15:19  
Anonymous Anónimo said...

¡Hostia puta!

Los escépticos no son más que otro rebaño de estúpidos creyentes que se cobijan bajo el paraguas de su ismo favorito (el escepticismo) ja ja.
La mayoría son talibanes fanáticos de su propio dios imaginario que es la “ciencia” tal y como ellos la conciben. ja ja ja.
Buscan y rebuscan entre montañas de mierda para encontrar aquella particular defecación que les reafirme su idea de ser los poseedores de la verdad y valide su creencia. Y sólo se alimentan de eso.
En definitiva no son otra cosa unos come-mierda, tan coprófagos como los religiosos chupa sirios, los busca ovnis; o cualquier otro fascista ya sea en versión original o teñida de rojo. Tienen tanta hambre de tener la razón, que todo lo que ven lo creen comida. ja ja ja.
Qué risa que da esta gente que cree que la ciencia es “algo” y la convierten a un “ente” tan parecido al “dios”de sus necios oponentes. Teófobos y teístas, qué lastre para la evolución.
Creo, luego existo (o al menos pertenezco a algo).
Gente que endiosa todo. No tienen remedio. Ovejas de rebaños antagónicos y sus correspondientes lobos manipuladores.
Difícil encontrar un buscador auténtico que persiga la verdad con valentía implacable. Que busque la verdad solo porque si. Que se aguante lo que va encontrando aunque se quede solo. Cuanta adicción a la patota en esta especie insostenible que hoy plaga el planeta.
¿Qué tendrían el sus cabezotas aquellos saurios de antaño, un segundo antes que un pedazo de roca errante borrara de un golpe aquel entorno que dominaron durante ciento cincuenta millones de años? Se sentirían la tribu elegida de alguna lagartija superior que había creado todo aquello para su exclusivo placer y usufructo.
O tendrían tal vez algún tipo de reptilógica que hubiera descifrado todo en retrospectiva, para acabar comprobando que toda su ciencia se acababa en el instante posterior a la explosión original, que había un paso final que ni una lagartija puede dar, a pesar de ser la forma más compleja y evolucionada de sistema viviente que se conociera a la fecha.

No hay aproximación científica que nos diga de qué se trataba lo que había “antes” del Big Bang.
La “nada” que potencialmente contenía lo que luego pasó a “existir”. El “todo” que luego se manifestaría en una gran expansión de energía sin causa previa “explicable”. Surgen simultáneamente el espacio, el tiempo y eso que se mueve en el y que a falta de otro nombre mejor llamamos energía.
El caso es que de “eso” (nada, todo o lo que gustes) pasó a “existir” esto que toma cualquier forma, por ejemplo, este particular ordenamiento de luces y sombras que forman este texto. Y que retumba en forma de voz en tu cabeza a medida que vas “leyendo”, y que te provoca emociones contradictorias. Flujos y reflujos de químicos entran en el torrente sanguíneo. Moléculas formadas por átomos de una “materia” creada en los indescriptibles hornos de estrellas perdidas en un espacio inconmensurable, en un tiempo inimaginablemente lejano, corren ahora por tus venas en forma de hormonas, llegan a tu cerebro y sacuden tu inconsistente yoidad en una convulsión de furia directamente proporcional a lo que crees que sabes…
¿Qué escribe este imbécil? Ja ja ja.

Bang! Una explosión de energía, finita eso sí, se expande creando tiempo y espacio, se condensa y se aglutina en corpúsculos, energía conformada en hidrógeno y en helio y en bla bla bla. Materia que gravita sobre si misma. ¿Materia? ¡...y una mierda! E=mc2
Luego nubes que se hacen planetas, soles, estrellas, galaxias. Energía que se ordena de infinitas maneras. Energía, siempre energía. ¿Qué carajo es la energía? jajaja
Energía en forma de “materia”. Luego energía en forma de “vida”. Luego energía en forma de tu estúpido cerebro, esa hipercompleja estructura que pretende en virtud de su auto otorgada importancia y su significativa pertenencia al que fuere su, según él, tan excelso club, explicarse y explicarlo todo. Jajaja
Y por si fuera poco, después de creerse su inventada explicación a pié juntillas… no se le ocurre otra cosa que aplastar metafórica o literalmente a todos los otros estúpidos cerebros que insistan en explicarlo de otra manera. ¡Genial! Es que provoca tanta inseguridad la sola posibilidad de no saber que en este caso mejor mal acompañados que solos, ¿eh que si?

Explicar lo absoluto en términos de lo relativo. ¿Que había un instante antes de que hubiera algo, que pueda ser explicado en términos de ese algo que surgió después? ¿y si no se puede explicar? ¿Entonces que? ¿nos inventamos un barbudo que lo haya creado todo? Una impresentable deidad sagrada que sacó este imponente conejo de su galera solo para que tú le alabes y le obedezcas en tu estúpida iglesia y abraces a tu hermano o a los árboles del bosque, mientras él en su odiosa sicopatía masacra a unos infieles que se lo tienen bien merecido por no tener fe en su existencia. Puaaaahj….. el baño que vomíto.

Escamas de mi caspa exponen unas ideas muy prestigiosas para otras caspas de su mismo club, tragándose la ilusión de que merced a su infalible método científico llegará a explicar más tarde o más temprano, porqué me peino sin raya. Mientras incontables e igualmente fútiles caspas enarbolan con profundo sentimiento de superioridad el virtuosismo de su fé y las sagradas fábulas que adoran y en las que se expone acerca de los insondables designios que me llevan a usar el peine como lo uso aunque en su fe están convencidas que no puede ser sino para beneficio y protección de su ridícula existencia. Vaya duelo de altaneras ignorancias. Y yo encima soy pelado Jajaja!

¡Vaya con el cerebro! ¡Vaya con la neurobiología!
¿Qué es un cerebro sino una “forma” intrincada y compleja; una combinación y una recombinación de esa energía primigenia que inició un viaje creativo y divertido en aquel Bang?
Tu cerebro, solo espacio tiempo y energía. Todos los cerebros, solo espacio tiempo y energía. Y todas nuestras maravillosas o estúpidas ideas. Solo tiempo espacio y energía. Quizá si, quizá… ¿y si de algún modo guardaran relación con aquello que estaba antes?
¿Y si lo que antecede al Bang, lo permea o lo contiene o está contenido en?

Todo un universo en expansión porque sí. Jajaja.
O ¿por que no? Jajaja

¿A ver quién lo explica de forma científicamente demostrable y repetible?

¿O a ver quién justifica de un modo apto para mayores no oligofrénicos, que la razón de ser de tamaño universo, de tamaña complejidad, no es otra que, que yo me sienta querido por la mañana y cante alabanzas mientras me afeito ya que por suerte el creador me ama y mi cuello no sangra mas que minúsculas gotitas al paso de la hojita mientras que en ese mismo instante a millones de otros como yo le cercenan la yugular en nombre suyo.

Y hasta que aquello que comenzó su curso en el Big Bang se reabsorba en el Big Plop
Y se acabe el tiempo y el espacio y “todo” vuelva a lo que era antes. ¿Y qué era? Jajaja
Millones de moscas escépticas no pueden estar equivocadas. Hasta que eso no ocurra… ¡Coma mierda!
Científicamente elaborada, eso si. Jajaja

Y si esa receta no fuera la de su preferencia, no sufra, una cantidad aún mayor de moscas religiosas y fieles a su fe, su dogma y sus creencias “tradicionales” de milenios, que para la edad del universo vienen a ser algo así como un pedo en el océano, le ofrecen a cambio su ortodoxo plato de mierda según recetas “reveladas”.
Ja ja ja, argumentos de mierda, al fin y al cabo.

16 abril, 2007 09:22  

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